La Hora del Planeta 2026: enfriar el mundo sin calentar el planeta

El próximo sábado 28 de marzo a las 20:30, millones de personas alrededor del mundo apagarán las luces durante La …

El próximo sábado 28 de marzo a las 20:30, millones de personas alrededor del mundo apagarán las luces durante La Hora del Planeta, un gesto simbólico que busca recordar la urgencia de actuar frente a la crisis climática. Más allá del acto simbólico, la fecha invita a reflexionar sobre cómo distintos sectores de la economía pueden contribuir a reducir el impacto ambiental y avanzar hacia modelos más sostenibles.

La dimensión del desafío es cada vez más evidente. De acuerdo con proyecciones de Naciones Unidas, el cambio climático podría provocar el desplazamiento de hasta 216 millones de personas para 2050, impulsado por fenómenos como inundaciones, sequías, tormentas más intensas y el aumento sostenido de las temperaturas.

Los datos más recientes confirman esta tendencia. Según el Internal Displacement Monitoring Centre (IDMC), en 2024 se registraron 65,3 millones de desplazamientos internos en el mundo, de los cuales 45,8 millones, alrededor del 70%, estuvieron vinculados a desastres naturales. Por primera vez, los desplazamientos asociados a eventos ambientales superaron a los provocados por conflictos armados.

Este escenario se explica en gran parte por el calentamiento global acelerado. El reporte Global Climate Highlights 2025 señala que ese año fue el tercer más caliente jamás registrado, con una temperatura media global de 14,97 C, y que el periodo entre 2023 y 2025 se convirtió en el primer trienio en superar el umbral de 1,5 C por encima de los niveles preindustriales, una referencia clave establecida por el Acuerdo de París.

En paralelo, el aumento de las temperaturas está generando otra transformación: la creciente necesidad de enfriar espacios para proteger la salud, el bienestar y la productividad en entornos urbanos. Desde hospitales y escuelas hasta oficinas, hoteles y centros comerciales, la climatización se ha convertido en un elemento esencial de la vida moderna.

Este fenómeno plantea un reto complejo. El enfriamiento es cada vez más necesario, pero también debe evolucionar para reducir su impacto ambiental y su consumo energético.

En este contexto, la industria de la climatización atraviesa una transformación impulsada por la innovación tecnológica y la transición hacia soluciones más sostenibles. Entre los principales avances se encuentran el desarrollo de equipos de mayor eficiencia energética, el uso de sistemas inteligentes que optimizan el consumo y la adopción de refrigerantes con menor potencial de calentamiento global.

Uno de estos refrigerantes es el R32, una tecnología que permite reducir significativamente el impacto climático en comparación con generaciones anteriores, al mismo tiempo que mejora la eficiencia energética de los equipos.

“La climatización del futuro debe equilibrar eficiencia energética, reducción del impacto ambiental y bienestar humano. La innovación ya no es opcional; es la base para responder a un mundo que cambia más rápido que nunca”, señala Oscar Ramírez Hernández, gerente regional de ventas para Centroamérica de Daikin.

Este tipo de soluciones ya comienza a reflejarse en proyectos y desarrollos en la región. En El Salvador, por ejemplo, la empresa AirTec inauguró recientemente un nuevo espacio dedicado a soluciones de climatización que incorpora tecnología de Daikin, compañía global presente en más de 170 países y con más de 20 años de trayectoria en Centroamérica.

La apertura de este espacio busca fortalecer el acceso a soluciones de climatización de alta eficiencia para sectores como comercio, hospitalidad, industria y edificios corporativos, en un momento en que la sostenibilidad y la eficiencia energética se vuelven factores cada vez más relevantes para el desarrollo urbano.

A nivel global, la transición hacia tecnologías de enfriamiento más sostenibles también está impulsada por acuerdos internacionales como la Enmienda Kigali, que promueve la reducción progresiva de refrigerantes con alto potencial de calentamiento global. En este marco, tecnologías como el R32 ya cuentan con más de 190 millones de unidades instaladas en el mundo, reflejando un cambio gradual hacia sistemas más eficientes y responsables.

En este contexto, La Hora del Planeta se convierte en algo más que un gesto simbólico. Representa un recordatorio de que la transición hacia un futuro sostenible requiere acciones en múltiples frentes: desde la generación de energía hasta la forma en que diseñamos, construimos y climatizamos los espacios donde vivimos y trabajamos.

Mirando hacia los próximos años, la pregunta no es si el mundo necesitará más enfriamiento (todo indica que sí), sino cómo hacerlo de forma responsable, integrando innovación tecnológica, eficiencia energética y reducción del impacto ambiental.

En ese equilibrio entre confort y sostenibilidad se juega una parte importante del futuro de nuestras ciudades. Y es allí donde la tecnología, la colaboración entre industrias y la adopción de soluciones más eficientes pueden marcar la diferencia.